Museo del Prado | Lo que la condesa de Chinchón escondió bajo su falda que dejó atónito a Rajoy

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No se lo creyó del todo, dicen quienes asistieron a esta visita. Ciertamente, si ignoramos las costumbres de los pintores, que reciclaban lienzos cada dos por tres, sorprende esta práctica tan extendida, incluso entre los más grandes. Un claro ejemplo, contado en esta serie de EL PERIÓDICO DE ESPAÑA, medio del grupo Prensa Ibérica al que también pertenece este diario, sobre Los secretos del Prado, es el de Tiziano, que recicló un lienzo donde había pintado a Carlos V para encarnar a su hijo Felipe II.

‘La Condesa de Chinchón -o La Chinchona’, como se la llama popularmente- es un retrato «más grande de lo normal», y es precisamente porque en el cuadro original «había un mueble», según Gudrun Maurer, curadora de la pintura española del siglo XVIII y Goya. Así, el pintor aragonés eligió un lienzo de mayor tamaño de lo habitual, 216 centímetros de alto por 144 de ancho.

“La modelo es muy alta, es más grande que la vida, y también nos da la sensación de que la postura es un poco extraña. Los muslos son muy largos, sobresalen mucho hacia el espectador y los brazos de la silla parecen estar colocados a diferentes alturas, el de la izquierda es más alto que el de la derecha», explica Miguel Hermoso, doctor en historia del arte en la especialidad de pintura barroca española e italiana y catedrático de arte en la Universidad Complutense de Madrid, quien añade que Goya siempre tuvo «esos problemas con la anatomía y la perspectiva», aunque especifica que «a pesar de eso, es una buena pintura».

El retrato utiliza un fondo neutro, y «tiene una armonía de colores muy simple», con grises y un marrón negruzco ligeramente verdoso en el fondo, que Hermoso dice que es una seña de identidad de la casa: «Esta restricción de colores voluntarios es también una señal de que algunos artistas suelen demostrar que un cuadro no se hace con muchos colores, sino con talento».

El estudio técnico del cuadro en el año 2000, tras su adquisición por el Museo por 4.000 millones de pesetas (24 millones de euros), reveló que estaba pintado sobre un lienzo ya utilizado por Goya. En la radiografía se identifican perfectamente un retrato de pie de Manuel Godoy, el marido de la condesa, y otro retrato subyacente, menos visible, de un joven caballero, que porta la cruz de la orden de San Juan de Malta.

giro de 180 grados

Ambos estaban revestidos de esa capa beige rosada, utilizada como preparación para el retrato final de la Condesa, para el que Goya dio la vuelta al lienzo para ocultar los demás retratos bajo su falda.

«En el caso del caballero desconocido, seguramente era una figura importante», dice Maurer, quien señala que no está claro por qué los dos retratos anteriores no llegaron a buen término. “La de Godoy no estaba terminada como la del otro señor”, añade.

Hay muchas teorías sobre lo que pasó. Desde que a quienes encargaron el cuadro no les gustó el resultado final y se negaron a pagarlo, hasta que, en el caso de Godoy, no le gustó el resultado, pero una vez pagado, le pidió que representara a su esposa, entre las muchas posibilidades. Lo cierto es que en aquella época los lienzos eran caros y los pintores no dudaron en reutilizarlos.

“Goya en ese momento era el pintor principal de todo Madrid. Pedía precios muy altos. No tenía problema con los materiales ni con los lienzos ni nada. A lo mejor hizo el retrato y que a Godoy no le gustó y pensó que podía No se lo vendí a nadie más que a él y lo pinté”, especula el profesor universitario.

Lo que está documentado es que Goya conocía a la Condesa de Chinchón desde que era una niña. Hija del Infante Don Luis Antonio de Borbón, hermano de Carlos III, la había conocido en Arenas de San Pedro, donde su familia había sido separada de la Corte, y fue entonces cuando la casaron con el presidente del Gobierno de Carlos IV. , precisamente por encargo de eso, cuando hace el retrato de cuerpo entero.

excelente retratista

Estos son los cuadros más caros que pintó Goya -los retratos-, de los que toda la aristocracia madrileña demandó sus servicios en su momento por su fama de excelente retratista, ya que realizaba muy buenos retratos de los personajes.

“Ella pinta sentada, que es una posición privilegiada, no todo el mundo puede sentarse en la España del siglo XVIII”, dice Hermoso de un cuadro que parece “pintado rápidamente”, dice Maurer, porque “los pinceles y los trazos son rápidos pero de lejos no lo parecen y sugieren movimiento».

Al acercarnos al cuadro, nos damos cuenta de que las pinceladas están «dadas al azar», subraya el doctor en historia del arte, «casi como si el pincel estuviera en zigzag, un poco como habría pensado Goya, pero si te alejas todo está en su sitio». y da la sensación de esa muselina tan suave que cubre a la mujer».

“La Condesa tiene una postura elegante y clásica. El cuerpo mira a un lado y la cabeza al otro, como María Luisa en La Familia de Carlos IV; esto crea un equilibrio en la figura, que se muestra pensativa”, continúa el restaurador en el análisis de un lienzo que tiene muchos detalles, muchos significados.

“Las manos están perfectamente sobre su vientre. En ese momento está embarazada; a los pocos meses nació su hija Carlota, que fue apadrinada por los reyes. Por eso su peinado tiene púas. [emblema de fecundidad, como símbolo de la diosa Ceres]. Tiene una expresión feliz, porque lo era. Es algo que sale de sus cartas a la reina. […] Está sentada casi como una virgen esperando», añade Gudrun.

“Porque la parte del vientre está embarazada, es la parte que está más iluminada. Se puede decir que es un rayo de luz blanca que brilla en el centro”, prosigue Hermoso, quien también subraya cómo Goya quiere poner en luz del «modesto» del personaje porque «no mira directamente al espectador». “Es casi una representación alegórica de la discreción, de una buena mujer y una matrona casi romana”.

Aun así, el vestido es «la última moda, ya que es un corte imperio», la moda que se inicia con la Revolución Francesa y olvida los corsés y faldas de vuelo que se utilizaron en España hasta 1780. El retrato fue muy popular en » El tiempo, es muy hermoso. Sentimos que le gustó el modelo. La familia de su padre, además, le había ayudado mucho en los inicios de su carrera en el Madrid”, concluye Hermoso sobre el cuadro cuya intrahistoria le ha dejado una piedra a Rajoy.

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