8 ideas que los psicólogos quieren que sepamos para reducir el riesgo de suicidio

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Poco a poco y como ocurre con los trastornos mentales, vamos hablando de este fenómeno que, por cifras como las que vemos, preocupa mucho a los expertos en psiquiatría y psicología.

Aun así, tal y como explica el Consejo General de Psicología de España, las creencias erróneas y el estigma asociado al suicidio lo siguen convirtiendo en un tema «tabú» para muchos.

Y es que no conocer a fondo este fenómeno o dejarse llevar por información falsa puede ser peligroso y poner en peligro la vida de una persona.

Por ello, la organización europea Mental Health Europe (MHE) ha publicado un artículo que resume los principales mitos y creencias sobre el suicidio, con el fin de esclarecerlos y contribuir al conocimiento de este problema.

Conceptos erróneos sobre el suicidio

  • Las personas que hablan sobre el suicidio solo intentan llamar la atención.

Esta es la primera de las creencias erróneas. Se supone que no tienen intención de hacerlo y no se les toma en serio.

Pero, es un error. Nunca pase por alto ningún comentario sobre intenciones de suicidio, ya que esto puede ser un grito de ayuda.

Según explican los especialistas del Consejo General de Psicología de España.

  • «Cuando las personas tienen tendencias suicidas, a menudo se sienten solas y necesitan apoyo emocional. El acceso a la ayuda adecuada en el momento adecuado puede prevenir el suicidio».

Por eso, si nos encontramos con alguien que expresa intenciones suicidas, lo mejor es contactarlo y preguntarle cómo podemos ayudarlo.

  • Solo las personas con problemas de salud mental se suicidan.

No existe una relación directa entre la salud mental y el suicidio.

Como explican los psicólogos: “El suicidio puede afectar a cualquiera. Hay una serie de factores de riesgo, como ser víctima de violencia o abuso, que son determinantes más amplios de la salud mental.

“Tener un problema de salud mental no conduce automáticamente a un comportamiento suicida. El suicidio puede ser consecuencia de experiencias de vida: incomprensión, exposición al estigma, dolor, enfoque autodestructivo, soledad y falta de acceso a la atención de la salud mental”.

  • El suicidio es una elección personal y no debemos intervenir.

La realidad es que la mayoría de las personas con comportamiento suicida realmente no quieren morir, «no quieren vivir la vida que tienen».

Es por eso que el apoyo oportuno puede evitar un desenlace fatal.

  • Hablar de suicidio puede animar a una persona a acabar con su vida.

Los especialistas niegan esta afirmación y explican que «hablar abiertamente sobre cómo se sienten puede ayudar a liberar parte de la tensión que está provocando sus sentimientos suicidas».

• Cuando el estado de ánimo de la persona con ideación suicida mejora, ya no hay peligro de acabar con su vida.

Eso tampoco es cierto, porque a veces la sensación de que están mejor puede ser simplemente porque ya tomaron la decisión.

  • “Una mejoría repentina y visible puede significar una auténtica alegría, el alivio que siente la persona que finalmente ha tomado la decisión de acabar con su vida y que se siente mejor por esa decisión”, explican los psicólogos.

  • El suicidio no se puede evitar.

Sí, se puede evitar. Y últimamente se han puesto en marcha muchas iniciativas para reducir el número de suicidios.

Iniciativas dedicadas a «abordar los problemas que conducen a los intentos de suicidio (estigma, falta de acceso a los servicios, falta de información sobre salud mental, falta de apoyo entre pares, condiciones infantiles adversas), reducir el acceso a los medios (es decir, armas, ciertas drogas), informes de los medios e intervenciones escolares.

  • Las drogas son el mejor tratamiento para el suicidio.

Desde el Consejo General de Psicología explican que los medicamentos, incluidos los antidepresivos, «no reducen las tendencias suicidas».

  • Hospitalizar al suicida reduce el riesgo de acabar con su vida.

La hospitalización involuntaria puede aumentar el deseo de suicidio de una persona. De hecho, un estudio publicado en 2019 sugiere que la práctica común de la hospitalización forzada por problemas de salud mental puede estar causando más daño.

«Las personas que se sintieron obligadas a ser hospitalizadas en contra de su voluntad tenían más probabilidades de intentar suicidarse después del alta del hospital. Esto fue cierto incluso después de controlar otros factores que podrían influir en el suicidio».

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