¿Sabías que cada higo que comemos contiene una avispa?

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Los higos son una de las frutas de temporada más apetecibles que nos quedan, y con la llegada del otoño, no queda más remedio que hacer mermeladas con ellos. Y sin embargo, lo que mucha gente no sabe es que los higos encierran un sorprendente secreto en su interior: cada uno de estos frutos contiene el cadáver de una avispa.

No hay por qué alarmarse, porque el mencionado insecto (que sin saberlo ingerimos con cada higo que comemos) ya se ha desintegrado por completo e incluso forma parte del fruto. Se trata, más precisamente, de la llamada avispa del higo. Pero, ¿cómo llegó allí?

Estos insectos son los principales culpables de polinizar las higueras para que año tras año los árboles puedan seguir prosperando y dando sus deliciosos frutos. Por eso sin estas avispas no sería posible la existencia de las higueras.

Aristóteles ya describió en su Historia de los animales que los frutos de los higos silvestres contenían avispas, que formaban larvas, rompían la «piel» de la pupa y volaban como mosquitos. Creía que se producían por generación espontánea.

Entonces entran

No es exactamente así. A diferencia del resto de árboles, que tienen la flor abierta y de fácil acceso a los insectos, las flores de las higueras se encuentran dentro de los frutos que vemos, cerradas y difíciles de polinizar.

Por supuesto, esto hace que sea muy difícil para los insectos moverse de flor en flor. Pero no ocurre lo mismo con las avispas de la higuera, que son los únicos insectos capaces de entrar en la flor y transferir el polen de un árbol macho a un árbol hembra.

De esta forma ponen sus huevos en las flores macho (que son los frutos de borde que no se suelen comer) y cuando las larvas crecen y emergen de ese borde de higo cubiertas de polen, listas para polinizar, van a parar a los higos hembra.

De esta forma, las avispas consiguen transportar el polen de una flor a otra, pero a un precio muy elevado, ya que la operación les acaba costando la vida. Cuando las avispas entran en la higuera hembra, lo hacen por un conducto muy estrecho y no pueden salir.

Por lo tanto, el insecto acaba muriendo por dentro y sus restos se convertirán en un abono que ayudará al crecimiento del fruto. Así que cuando comemos un higo, también estamos comiendo los restos de una avispa, pero nunca percibiremos ningún rastro de ella, porque ya está totalmente integrada en el fruto.

Las avispas de los higos son en realidad un grupo de especies que a menudo no están relacionadas entre sí, pero con similitudes morfológicas que resultan de su ciclo de vida dentro de los higos. Los científicos, de hecho, aún están aclarando su taxonomía y existen varias familias de avispas agrupadas bajo esta definición.

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Contacto Sección Medio Ambiente: Crisisclimatica@prensaiberica.es

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