González acude en ayuda de Sánchez: ‘Tuvo que pasar un momento extraordinariamente difícil’

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En una España donde la política ha perdido sus matices para el ejército en dos bloques antagónicos, en los que cualquier observador medio tiene la solución a todos los problemas, un ex presidente del Gobierno, Felipe González, aclamado a lo largo del tiempo como el responsable de la modernización del país por propios y extraños, inauguró este lunes una exposición en la sede del PSOE por los 40 años del triunfo socialista de octubre de 1982 con el reconocimiento de que hasta él tiene debilidades. Los consiguió, dice, en la noche de esa victoria, durante la cual se sintió “abrumado” más que “asustado” por la responsabilidad. Y entiende que ahora los tiene Pedro Sánchez, su heredero en esta línea histórica, con el que ha tenido muchas disputas pero al que ahora parece apoyar.

La reconciliación visualizada en el Congreso Socialista hace un año en Valencia, en el que ya participó González, tiene continuidad con esta conmemoración pero, sobre todo, con el entendimiento que ahora muestra González hacia Sánchez. El expresidente acudió en ayuda del director general y secretario general del PSOE, tanto por las dificultades que encontró como por el ejercicio de su gestión. El gobierno, dijo, «debe haber pasado por un momento extraordinariamente difícil, porque lo único predecible para los próximos meses es lo impredecible». «No hay certezas que se puedan afirmar».

Esto, argumentó, diferencia este momento de cualquier otro en las últimas cuatro décadas. Incluso de conquistas tan complicadas como los pactos de la Moncloa, «tan amados hoy -subrayó- si pudieran repetirse». «No hay nada más peligroso que un ser humano que no duda», ha asegurado, en el mismo momento en que las vacilaciones del presidente del Gobierno a la hora de tomar decisiones -declarando que no haría tal cosa y acabará haciéndola- son una de las críticas más recurrentes de la oposición hacia él.

Entender con los altibajos

Puede ser, admitió González, que «algo se tiene que arreglar en un mes o dos» y «los que no entienden esto son los más intolerantes, los que creen tener la verdad a pesar de lo que está pasando, los que piensan que ‘no hay otra verdad’. Al contrario de lo que ocurre hoy, dice recordar «con gratitud» que al obtener 202 escaños (cita un poco la cifra para presumir), «la sociedad española se ha movilizado más allá de la frontera de nuestros votos».

Pese a la empatía del expresidente, Pedro Sánchez respondió de forma muy desordenada a esta presentación, a la que también asistieron Joaquín Almunia y José Luis Rodríguez Zapatero. A ninguno de ellos se le permitió hablar. El acto, a pesar de su fuerza histórica, fue algo deslucido, a pesar de ser el primero de toda una serie de celebraciones con un mitin en Sevilla el día 29 como colofón. Esta nueva sintonía con González permite a Sánchez reencontrarse con el clásico votante socialista, que puede sentirse distanciado del Gobierno por el constante “ruido” que genera la coalición con Unidas Podemos o por el apoyo parlamentario de ERC y ‘EH Bildu.

De hecho, en su intervención destacó que él es el heredero de esta herencia. «Nos reconocemos en los que nos han precedido» y «tenemos clara conciencia de haber estado en el lado correcto de la historia», cuando «todavía hay quienes defienden el franquismo», en lo que parecía una referencia a Vox. “Miramos el pasado con los ojos del presente y anhelamos el futuro”, dijo. “A las puertas de una gran transformación económica, desde el punto de vista energético y digital, el socialismo debe afrontar los compromisos con empatía, compromiso social y determinación”, dijo.

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