El consumo vuelve a caer tras las vacaciones de Semana Santa

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“Las crisis comienzan y terminan cuando el consumidor quiere que comiencen y terminen”. La opinión, emitida hace unas semanas por el presidente de la asociación de fabricantes y distribuidores AECOC, Ignacio González, parece profética. Porque, aunque la Comisión Europea o el Banco de España acaban de mejorar sus previsiones de crecimiento de la economía española o el CIS publicó ayer que la confianza del consumidor aumentó en abril, en la práctica el consumo no se salva: a pesar de que la Semana Santa dio un respiro que incluso alcanzó al sector de la alimentación, que acumula meses de caída de ventas, desde mediados de abril la tendencia vuelve a ser negativa.

Algori, una empresa de análisis de datos de consumo que acaba de lanzar su plataforma al mercado, identificó una mejora notable en el volumen de productos comprados en el supermercado desde mediados de marzo hasta la semana del 10 de abril (lunes de Pascua), y una disminución posterior que ha no invertido desde entonces. En la primera semana de mayo se compraron en el supermercado un 6% menos que hace un año, e incluso el gasto en carrito de la compra cayó (-7,5%) aún con la inflación, lo que debería conducir a un aumento del gasto.

El Observatorio de Alimentos Frescos de Aldi, un estudio basado en gran parte en encuestas realizadas en abril, también señala que el 60% de los consumidores han reducido sus compras de productos frescos en el supermercado (pan, embutidos, huevos, carne, pescado, frutas, verduras , etc. y en la misma dirección apuntan los datos de AECOC, que a finales de abril mencionaba que el 45% de los consumidores reconocía comprar menos carne y el 39% hacía lo propio con el pescado.

Frenar el gasto con tarjeta

Sin embargo, la herida parece ir más allá del universo alimentario. El análisis del comportamiento del consumo de BBVA Research muestra un gráfico que viene cayendo desde la primera semana de abril y que alcanza su punto más bajo desde enero de 2022 durante la primera semana de mayo, cuando el consumo se contrajo un 7,8% respecto al año anterior. A pesar de que los últimos datos disponibles muestran una ligera mejoría, a 7 de mayo el consumo seguía siendo casi un 6% inferior.

Y similar conclusión extrae el monitor homólogo de Caixabank Research, que detectó un 3% menos de pagos con tarjetas de compradores españoles a finales de abril, que se recuperó en mayo pero sin avanzar más allá. “Si nos detenemos a observar el consumo presencial con tarjeta (…) vemos que su ritmo de crecimiento (9% en un año) nos da una señal relativamente positiva, dado que mejora ligeramente los registros de abril, aunque continúa en niveles moderados”, analiza el economista de Caixabank Research, Javier Ibáñez de Aldecoa, en su informe semanal. “Con el gasto de los sectores se mantiene la dinámica que venimos observando desde hace unos meses, con mayor dinamismo en el consumo relacionado con turismo y ocio, frente a la mayor debilidad del consumo ‘retail’”, añade este experto.

De hecho, lo que explica en buena medida que la caída del consumo no sea más drástica es el turismo (el aumento del gasto en tarjetas extranjeras registrado por Caixabank varía del 13% al 48% desde principios de año) y el buen comportamiento de determinadas categorías.

Polarización del consumo

“Todavía hay mucha polarización: hay gente a la que le va bien y que gasta, y gente justa y luego la prensa, y cada vez se agudiza más”, subraya el presidente de la comisión Col·legi d ‘Minorista. La economista catalana, Núria Beltran, que ve lógica la caída del consumo sabiendo que desde hace años casi la mitad de la población española reconoce tener dificultades para llegar a fin de mes. Según él, es compatible que una economía así basada en el sector terciario muestre signos de mejora a nivel «macro» si el turismo va bien, pero que esté tan resentida a nivel «micro» cuando el escenario es éste. “Los salarios no han aumentado y por tanto el consumo interno no puede aumentar mucho, sobre todo en una fase de subida de los precios de la electricidad, los combustibles y los alimentos como la que hemos vivido”, explica el economista.

Por otro lado, es cierto que los textiles, la belleza y la actividad en bares y restaurantes parecen ir como un tiro, pero incluso aquí hay matices. «El textil ha retrocedido mucho con la pandemia, por lo que seguramente solo esté recuperando posiciones», aventura Beltrán, quien también pone sobre la mesa «el efecto psicológico pospandemia» para explicar el buen comportamiento de la actividad en el sector cosmético y en bares y restaurantes. Y si en el primer caso, el de la belleza, existe un consenso absoluto de que se encuentra en uno de sus mejores momentos, no sucede así en el caso de la restauración. «Hay incluso menos bares que antes del covid -dice una fuente familiarizada con el sector- y por muy llenos que estén, muchas empresas admiten que detectan algún control de costes por parte de los clientes».

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