28-M Navarra | La UPN se mide en solitario con una izquierda que aún quiere sumar en Navarra

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Desde hace dos décadas, el mismo partido siempre gana las elecciones autonómicas en Navarra, pero no siempre gobierna. La UPN ha sido la fuerza con más votos en todas las elecciones desde 1991, pero en un parlamento multicolor, sumar y llevarse bien es mayor garantía de éxito. Lo sabe la socialista María Chivite, que gobierna la comunidad foral gracias al apoyo de Gero Bai, Podemos e Izquierda-Ezkerra, y la abstención de EH Bildu. Chivite se presenta a la reelección y quiere volver a sumar, un verbo que, al menos antes de ir a las urnas, la derecha no ha podido combinar esta vez: UPN, PP y Ciudadanos no reeditarán el pacto que sellaron en 2019 y que formó Navarra Suma, la coalición que ganó las elecciones.

Los datos que proporciona la encuesta del CIS despejan ciertas dudas. Si bien el espectro de diputados ofrece opciones de victoria a cuatro partidos —UPN (10-13), PSE (9-12), Geroa Bai (8-10) y EH Bildu (8-10)—, también elimina cualquier posibilidad de que el gobierno partidos de derecha, a los que presentarse por separado les puede costar un puñado de escaños. El resultado de UPN podría ser el peor de su historia.

Una línea recta dividida

UPN se presentó este 28 de mayo en solitario tras una traumática ruptura de un matrimonio, el que mantuvo con el PP, que llevaba más de 20 años bien emparejados. La votación de la reforma laboral en el Congreso quitó la disciplina de voto a los dos diputados de UPN y acabó con su expulsión, y en la formación navarra creen que el PP estuvo en el origen de esta penosa maniobra. Los dos protagonistas, Sergio Sayas y Carlos García Adanero, finalmente se verán las caras en las listas populares: es «la consumación de una traición», según calificó el presidente y candidato de la UPN, Javier Esparza.

Con Ciudadanos, marca en horas valle, fuera de la ecuación, las dos formaciones se lanzaron reproches mutuos para acabar apareciendo en solitario. Ahora el tercero por la derecha es otro, Vox, que puede —esta vez sí— ser retransmitido en el Parlamento de Navarra. En 2019 apenas consiguió el 1,31 % de los votos, pero en las legislativas de noviembre llegaron al 5,6 %, y las encuestas le dan entre dos y tres escaños.

UPN, por el voto socialista

Pero hay más en la decisión de Esparza de estar solo que solo desacuerdos políticos. “Las encuestas nos dicen que esta vez sumamos más apoyo yendo por separado que yendo juntos”, aseguró antes de la publicación de los datos del CIS. La UPN aspira a obtener el voto de los socialistas desencantados con el Gobierno de Chivite, y llevar las siglas del PP podría ponérselo más difícil.

Para Gero Bai, la coalición en la que se integra el PNV, repite Uxue Barkos, que busca arañar al PSN un escaño que le permita volver a posicionarse como la fuerza más votada del bloque de izquierda. Eso fue lo que sucedió en 2015, el año en que un pacto a cuatro bandas la convirtió en presidenta. La clave en ese momento era Podemos, que se llevó una buena parte del voto socialista. Para Barkos es todo o nada, porque también existe la posibilidad de que con un resultado inferior a los de UPN, PSN y Bildu acabe en cuarta fuerza.

En una posición similar se encuentra EH Bildu, a quien las encuestas sitúan técnicamente a la par de Gero Bai y cercano al PSN. La izquierda abertzale ha sido clave, con su abstención, para garantizar el gobierno a los chivitas, y en estas nuevas elecciones aspira, al menos, a volver a tener la llave. Una situación que no es del todo cómoda para los socialistas: la polémica por el registro de los condenados de ETA en las listas de Bildu ya ha puesto al presidente navarro en más de un callejón sin salida.

Bildu y los ayuntamientos en juego

El 28 de mayo no sólo se jugarán los partidos por los 50 escaños del Parlamento de Navarra. Los ayuntamientos también renuevan concejales y, en lo que se refiere al poder municipal, Bildu tiene mucho que decir. A pesar de que Navarra Suma fue la más votada en 2019 (30,5% de los votos frente al 19,7% de Bildu y el 17% del PSN), la izquierda abertzale consiguió colocar más alcaldes en los consistorios de Navarra (320 frente a 298 de la coalición de derecha).

En Pamplona, ​​Bildu asumió en 2015 el puesto de mando que ocupaba la UPN desde 1999. Cuatro años después, los conservadores recuperaron el ayuntamiento con los únicos votos de sus concejales (trece concejales contra siete de Bildu). Los socialistas, que optaron por votar por su candidato, facilitaron así la vuelta de los conservadores al poder municipal. Algo similar ocurrió en otros municipios, donde el PSN impidió que los nacionalistas obtuvieran ayuntamientos que, por tanto, acabaron en manos de Navarra Suma. Para este año 2023, las encuestas apuntan a que la UPN y Bildu volverán a jugar el gobierno de la capital, y el PSN podría volver a tener la última palabra.

Los dirigentes de Bildu llevan meses señalando el papel que jugará el PSN en el reparto de municipios, e insisten en que debe apostar por «mayorías progresistas». Precisamente Chivite ya se ha pegado a la hemeroteca en marzo al asegurar que los concejales socialistas de Pamplona votarán por su candidato.

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