Infraestructura | Las grandes constructoras españolas facturan el 80% de su actividad en el extranjero

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  • Las concesiones e infraestructuras internacionales generan el grueso de sus ingresos

España es un terreno fértil para las constructoras globales, pero hace décadas que dejó de ser su principal destino. Las principales empresas españolas del sector (ACS, Acciona, FCC, Sacyr, Ferrovial, OHLA y Grupo San José) han volcado sus esfuerzos en el exterior: solo el 19,79% de su facturación acumulada en 2022 corresponde a su país de origen (13.903,99 millones de euros sobre un total de 70.270,6 millones). Si bien el traspaso de Ferrovial a Holanda está prácticamente finalizado y ningún accionista ha solicitado el reembolso de su inversión, cabe recordar que el caso de la constructora de la familia Del Pino no es único. Al igual que en Ferrovial, el 80% de la facturación de las grandes constructoras españolas procede de sus actividades en el exterior. Su internacionalización se remonta a la década de 1970 y se acentuó con la crisis inmobiliaria que siguió en 2008. A este fenómeno se suma el desplazamiento de estas empresas hacia la actividad concesional en otros países, principalmente por su ausencia en España, lo que aporta más estabilidad y rentabilidad que la propia actividad constructora.

Aunque las constructoras españolas gozan de cierto prestigio en el mundo, palidecen frente a empresas asiáticas y algunas europeas. China ocupa los primeros seis lugares en el ranking mundial. Eso sí, con las empresas estatales del país, cuyos ingresos van desde los 293.194 millones de dólares facturados por China State Construction Engineering Corp en 2021 hasta los 69.601 millones de dólares registrados por Power Construction Corp de China en 2021. La primera firma europea es Vinci, que sigue superando a ACS con una facturación de 58.437 millones de dólares.

La mayor constructora española del mundo, ACS, ocupa el puesto 12 y facturó 33.615 millones de euros en 2022, incluidos 3.025,35 millones en España. Su destino favorito es Estados Unidos, donde concentra el 56% de sus ventas, seguido de Australia (19%). El resto de países en los que está presente la empresa de Florentino Pérez son Canadá (6%) y Alemania (3%). En España se concentra el 9% de las ventas totales, que ascienden a 3.025,35 millones de euros. Sin embargo, el 4% de la construcción y el 11% de las concesiones tienen lugar en territorio español. Destaca únicamente en el sector servicios, donde concentra el 89% de las ventas, ya que el 11% proviene de otros países europeos. ACS utiliza sus filiales Abertis e Iridium para gestionar concesiones que aumentan su Ebitda, como las de Francia, México o Chile. En el caso de Abertis, es la sociedad que gestiona la concesión de la Autopista Central en Santiago de Chile y la AP-7 Tarragona-Francia.

Ferrovial, que aspira a impulsar su actividad internacional con el cambio de sede a los Países Bajos, alcanza solo el 18% de sus ventas en España, unos 1.359,18 millones de euros de los 7.551 millones obtenidos en 2022. Al igual que en ACS, el grueso de sus los ingresos provienen de Estados Unidos y Canadá (36%), seguidos del Reino Unido (21%), Polonia (11%) y otros países del mundo. Su filial Cintra se encarga de recaudar los ingresos de las concesiones, especialmente de Norteamérica. Entre los activos más relevantes se encuentran los cuatro aeropuertos británicos (Heatrow, Glasgow, Aberdeen y Southampton) o la autopista LBJ en Dallas (Texas).

En el caso de Acciona, España es el segundo mayor contribuyente a su facturación (17%), muy por detrás del primero, Australia (34%). La sociedad presidida por José Manuel Entrecanales facturó 1.903,15 millones de euros de los 11.195 millones registrados en 2022. Sus ingresos concesionales fueron inferiores a los de 2021 por la enajenación de una cartera de activos en España, aunque los ingresos de esta rama de negocio proceden principalmente de América Latina De la facturación total de Sacyr, que el año pasado ascendió a 5.852 millones de euros, sólo 308 millones corresponden a España. Actualmente, su cartera está compuesta por un 80% de concesiones, un 14% de infraestructuras y un 6% de servicios, y de hecho, el Ebitda sigue la misma tendencia (58%, 34% y 8% respectivamente). Y el país representa el 29,4% de la facturación de OHLA, unos 958,35 millones de euros sobre un total de 3.259,7 millones, aunque el resto de sus ingresos proceden de otros países de Europa, Norteamérica y Latinoamérica. Entre sus concesiones se encuentran la autovía A-30 en Canadá o el hospital Álvaro Cunqueiro en Vigo.

Las dos empresas restantes tienen más actividad en el mercado español que en el extranjero. Este es el caso de FCC, donde el 55,4% de sus ingresos proceden de España (4.268,96 millones de euros sobre un total de 7.705,7 millones), seguida de Reino Unido (13,6 %, América (9,9%) y Oriente Medio y África ( 4,7%). Al mismo tiempo, esta compañía se centra en su división de medio ambiente, de la que obtiene el 45,2% de sus ingresos, seguida de agua (26,7%). La construcción representa sólo el 9,4% de su facturación. Grupo San José prefirió apostar por el mercado español, donde genera el 84% de su cartera de pedidos (2.081 millones de euros) y por la construcción, que sigue representando el 88,7% de su actividad FCC Concesiones es la empresa gestora del metro de Barcelona y Mersey Bridge en Reino Unido, mientras que Grupo San Jose ostenta la concesión del Louvre Abu Dhabi y el Resort 5 Estrellas en Cabo Verde, entre otros.

Más concesiones que construcción

El hecho de que el mercado español represente una pequeña parte del total que facturan las constructoras “es más consecuencia de su crecimiento fuera de España que de haber salido del país”, explica Ovidio Turrado, socio responsable de infraestructuras de KPMG en España. La salida de estas empresas al exterior se remonta a la segunda mitad de la década de los 70 por dos motivos. La primera fue la crisis del petróleo de 1973, que afectó a la economía mundial y también a la española. En el sector de la construcción, los precios de Cristalería Española (ahora parte del grupo Saint Gobain) o Inmobiliaria Vallehermoso (ahora Sacyr) cayeron un 73,8% y un 71,9% respectivamente. Con la Transición y la llegada de la democracia, se produjo un importante descenso de las licitaciones de obras públicas en España, como el freno del Plan Nacional de Carreteras.

En este contexto, “las empresas más potentes han visto caer su facturación de forma agresiva”, explica Carlos Fernández, director técnico de Cype, empresa especializada en el desarrollo de software para la construcción. Así, muchas empresas del sector, como Dragados, donde trabajaba entonces Fernández, empezaron a diseñar estructuras en países como Irak. “Fueron años muy difíciles en los que era imposible sobrevivir en España”, lamenta Typsa, otra de las empresas que se vio obligada a internacionalizarse en la década de los 70. país”. El fenómeno se intensificó durante la década de 1990 y “hubo que esperar hasta finales de la década de 2000 para que los ingresos internacionales superaran a los ingresos nacionales”, explica Javier González, socio de transporte e infraestructuras de Kearney.

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El nuevo siglo coincide con el auge de la actividad concesional, especialmente tras la crisis financiera de 2008. “Las constructoras han visto en las concesiones una forma de diversificar sus ingresos y reducir la dependencia de la construcción de obra pública”, explica Fernández. Es decir, ofrecen estabilidad y previsibilidad, mayor rentabilidad que la propia actividad constructora y, por tanto, menor riesgo económico. “La actividad concesional tiene márgenes importantes y, además, ha permitido a las constructoras españolas entrar en mercados maduros como Estados Unidos o Australia”, argumenta Miguel Prieto, director asociado de la empresa especializada en desarrollo sostenible Arup.

Aunque España sigue siendo un destino para las grandes constructoras, el mercado «no ofrece el número de nuevos proyectos de infraestructuras necesarios para soportar la facturación de estas empresas», añade Prieto. El Gobierno prevé destinar 46.205 millones de euros a inversiones con puestos de obra pública que rondan los 14.521 millones, cifras insuficientes para mantener el personal y equipamiento de estas empresas. “El problema es que la actividad en España ha bajado considerablemente en los últimos 15 años, por lo que la actividad de estas empresas va más allá de nuestras fronteras”, insiste González, sobre todo en mercados como Norteamérica, América Latina o Australia, donde la actividad de construcción y concesiones “Supera con creces a la de nuestro país”.

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