Acoso sexual a través de las redes sociales

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El ciberacoso sexual como invitación a un menor a tener relaciones sin necesidad de contacto físico entre agresor y víctima. El Tribunal Supremo limita las condiciones de la pena por este delito en una sentencia en la que confirma la pena de 28 años de prisión impuesta a un profesor que trabajaba durante un año en un colegio privado situado en la urbanización La Moraleja, en Madrid, por los malos tratos de cinco de sus alumnos -entre 11 y 15 años- a través de las redes sociales.

La resolución de la Audiencia Nacional, de la que fue ponente el presidente de la Sala de lo Penal, Manuel Marchena, desestima todos los motivos de casación presentados por la defensa del imputado, incluido el que solicitaba una reducción en la aplicación de la ley de » sólo si es sí», lo que se rechaza en este caso. La desestimación del recurso también conlleva la condena en costas.

En este caso específico, el maestro fue condenado por cinco delitos graves de acoso cibernético de niños, cuatro delitos graves de exposición indecente, un delito grave continuo de abuso sexual, un delito grave continuo de producción de pornografía infantil y un delito grave de posesión de pornografía infantil.

La Sala pudo comprobar, según el recurso al que tuvo acceso EL PERÓDICO DE ESPAÑA, del grupo Prensa Ibérica, que el relato de los hechos probados se sustenta sólidamente en «prueba de indiscutible trascendencia incriminatoria, obtenida también sin dejar rastro alguno». de ilegalidad y valorada según el canon constitucional de valoración probatoria”.

Acoso a través de las redes sociales

Ante las alegaciones de la defensa, que ponían en entredicho las condenas por ciberacoso, el Tribunal Supremo señaló en su sentencia que «cualquier propuesta de mantener relaciones sexuales con un menor de 16 años, cuando se compruebe a través de las redes sociales o utilizando cualquier otros medios telemáticos que permitan la posibilidad de mantener relaciones sexuales a través de una comunicación bidireccional, cumple los requisitos” de este tipo penal.

“En otras palabras, la invitación inequívoca a tener relaciones sexuales, una vez establecido el contacto digital con el menor, implica la realización de ‘…actos materiales encaminados al acercamiento’, ya que el acercamiento y la realidad misma de este encuentro no requieren necesariamente el contacto físico entre el agresor y la víctima”, añade la resolución.

Así, para el Tribunal Supremo, una vez aceptada la oferta de interacción sexual por parte de las chicas, “el encuentro ya es una realidad, aunque se produzca en un espacio digital en el que las repercusiones y los efectos pueden llegar a ser aún más disruptivos, ofensivos”. y duradero por el menor».

Un año de acoso en las redes

El condenado aprovechó su condición de docente durante el curso 2018/2019 para contactar y acosar a través de las redes sociales a varios alumnos menores de edad con fines sexuales.

A lo largo de dicho año escolar, el imputado contactó a través de su cuenta de Instagram a una alumna de la escuela de 15 años, y comenzó a tener conversaciones sexuales con ella, “diciéndole, entre otras cosas, que un ex alumno había venido a hacerle una felación, y la creación de un grupo en la citada red llamado los chupones, en el que la incluyó».

Al mismo tiempo, le envía fotografías de sus partes íntimas, llegando a ofrecerle ir a su casa «a follar», diciéndole que «se lo quería comer», pidiéndole reiteradamente fotografías en las que ella apareció desnudo. Además, el 27 de abril de 2020 envió al menor un video en el que se ve cómo una mujer no identificada le practica sexo oral, “circunstancia que puso en conocimiento del centro”.

Durante ese mismo curso académico, el imputado se puso en contacto con otros tres estudiantes de 14 años, también a través de su cuenta de Instagram, el profedelengua, para mantener conversaciones de carácter sexual, diciéndoles, entre otras cosas, «qué bueno que sois», enviándoles le fotografías en las que aparecía desnudo, o directamente de su pene, y le pedía insistentemente que le enviara también fotos desnudo, llegando a proponerle que se encontraran «para follar».

Abuso cerca de la escuela

Con uno de ellos salió a su encuentro cerca de la escuela, “y estando sentados en una banca, el imputado se acercó y le puso la mano en la pierna, tocándose los genitales por encima de la ropa.

En otro momento, el docente contactó a una niña de 11 años y luego de tener muchas conversaciones con ella de carácter sexual, se dirigió al pueblo donde vivía “quedándose con ella y dándole un celular”, cuyo saldo se encargó de recargarse.

A través de varios WhatsApp, “enviaba fotos de él mismo desnudo en dicho móvil, obligando a la menor a enviarle también fotos y vídeos de ella desnuda”. Además, viajó en numerosas ocasiones tanto a la ciudad donde residía el menor como a las ciudades donde pasó sus vacaciones en el verano de 2018 y 2019 respectivamente, “no logrando su objetivo”, añaden los hechos probados.

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