Intimidación | Una madre denuncia a la policía los acosadores de su hija en Valencia

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María, de 14 años, se derrumbó en el piso del patio con un ataque de pánico cuando su acosador comenzó a amenazarla. La ola de miedo fue tan fuerte que inmovilizó su pierna y se quedó allí. Rápidamente llegó una ambulancia a su instituto y la llevaron en silla de ruedas para poder ingresar. Signos vitales al límite por bullying. Esto sucedió la semana pasada en el IES La Vereda de la Pobla de Vallbona, en Valencia, aunque no era la primera vez que sucedía. María ha sido acosada durante más de un año. Fue la gota que colmó el vaso para que su madre ya no lo llevara a clase. Y no solo eso, el informe de su pediatra y psiquiatra dice claramente que María “solo debe ir a la escuela para aprobar los exámenes”. María es víctima de bullying, a pesar de que su instituto no la reconoce como tal y protege a sus acosadores. Hace más de un año que sufre bullying, denunciándola a sus maestros y directivos, pero nadie le cree a María, ni a su madre María José.

Desde hace meses, la joven toma tranquilizantes, tiene ataques de ansiedad recurrentes y trabaja con su psiquiatra porque no se atreve a salir a la calle. No duerme hasta después de las 2:30 am todos los días por el miedo de ir a la escuela un día más. Por pura impotencia, María José decidió denunciar a los acosadores de su hijo a la policía, un caso que recoge el diario Levante-EMV, de Prensa Ibérica.

Sus calificaciones se desplomaron: «Un 0,1, un 1… Le es imposible concentrarse a pesar de que en clase la siguen molestando, y en los pasillos la acorralan, le quitan el dinero y lo siguen insultando». ella y amenazante”, lamenta. El bullying sucede dentro y fuera del instituto, porque “aunque tengo un bus escolar que para frente a la puerta de mi casa, ella no lo puede usar por miedo a que le pase algo. Ni siquiera se atreve a andar sola por la calle”. porque sabe que las otras chicas la están esperando», añade su madre.

Proteger a los matones

«Mamá, estoy encerrado en el baño porque tengo miedo de que me peguen, por favor, ven a buscarme». Fue un llamado que María le hizo en repetidas ocasiones a su madre, obligándola a ir a liberarla de sus acosadores y llevarla a casa.

El instituto aseguró que «se han tomado todas las decisiones oportunas que estaban en nuestras manos». En octubre de 2022 activaron Previ, el protocolo de consejería para estos casos, pero no sirvió de nada ya que María seguía siendo acosada.

Tras la publicación de la noticia por este periódico, el centro aseguró que un profesor le acompañaría en el cambio de clase, donde los acosadores normalmente aprovechaban para rodearle. Aunque fue así, este ataque de pánico durante una clase de educación física fue el punto final para la niña acosada. A pesar de todo lo descrito, el centro no sancionó a los acosadores de esta alumna, más allá de ofrecer a la madre sentarlos a todos para «mediar».

estos no son casos aislados

Las estadísticas del Departamento de Educación indican que una de cada tres familias sabe de intimidación en el salón de clases de su hijo o hija. Entre 2018 y 20222, casi 2000 estudiantes se comportaron autolíticamente, es decir, se autolesionaron, fantasearon con suicidarse o intentaron suicidarse. En el penúltimo curso escolar valenciano se produjeron 12 suicidios y 344 intentos, además de 78 niños y niñas que se autolesionaron.

La última comisión contra el acoso escolar de Les Corts temía que durante el confinamiento se hubieran disparado los casos. A pesar de la distancia, a través de contactos en línea, los docentes reportaron 88 incidentes a Previ, muchos de ellos en este sentido. “Se trató de autolesiones, ideación suicida, ciberacoso y maltrato infantil, detectado cuando los niños se pusieron en contacto con los tutores”, dijo en ese momento la directora de Previ, Mónica Añón. «No podíamos creer que esto estaba sucediendo en ese momento», agregó.

Según la madre de la víctima, estas niñas también jugaron en más instancias de acoso con otros compañeros de clase, «y ahora han venido detrás de mi hija», señala. La última respuesta del centro es intentar la conciliación (sentar a todas las niñas juntas y a los padres a hablar), pero asegura que «no quiero que se hagan amigas ahora antes del juicio».

El acoso también ha llegado a las redes. “Se burlan de ella por su peso y la siguen insultando en redes sociales como Instagram, por suerte ya los bloqueó a todos”, dice. También en la calle y fuera del horario escolar. “Tuve que ver cómo jugaban con mi hija y la insultaban en medio de la calle, con una impotencia y una rabia terribles porque no puedo hacer nada siendo menor de edad”.

La respuesta del centro, a juicio de María José, ha sido nula en cuanto a medidas de protección para su hija y actuación contra los maltratadores. “No era la primera ni la segunda vez que la atrapaban o la robaban, y yo estaba cansada de enviar mensajes a través de Ithaca (una aplicación que usan los institutos) para hablar con alguien, pero nadie nunca respondió. La dejaron sola”.

Ataques de ansiedad, tranquilizantes y complejos

María José explica que todos los días se acuestan después de las 2:30 a.m. por la ansiedad que les genera el hecho de que su hija tenga que enfrentarse a la escuela otro día. No es realmente el instituto, sino el infierno en el que le transforman sus atacantes. Todo ello a pesar de tomar tranquilizantes prescritos por el médico.

Asegura que ha venido a «golpearse a sí misma» por el coraje que le da la situación y que ningún profesor de su centro la apoya ni hace nada por ayudarla. “A mi hija no le creen”, lamenta su madre. La relación con el resto de sus compañeros, según su madre, es buena, excepto con sus tres acosadores que le hacen la vida totalmente imposible.

María José mencionó la posibilidad de llevar a su hija solo a exámenes y contratar un tutor particular a domicilio, porque no quería ir a clase. “La respuesta del instituto fue que mi hija va a repetir año y aunque siga reprobando corremos el riesgo de perder su lugar en la escuela”, lamenta su madre.

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