El triunfo de Boca Juniors por 1-0 frente a River Plate en el Monumental terminó envuelto en polémica.
En la última jugada del partido, el árbitro Darío Herrera tomó una decisión que generó fuertes reclamos del lado local: no sancionó penal en una acción dentro del área.
La interpretación del juez y lo que establece el reglamento ayudan a entender el fallo.
El momento que encendió la discusión
A los 48 minutos del segundo tiempo, con Boca ya en ventaja por el gol de Leandro Paredes desde los doce pasos, River tuvo una de sus últimas chances.
Marcos Acuña envió un balón largo al área, donde Lucas Martínez Quarta se posicionó como referencia de ataque.
Detrás suyo apareció Lautaro Blanco, quien en el salto apoyó sus manos sobre la espalda del defensor millonario.
Martínez Quarta cayó al piso y de inmediato se desataron los reclamos de penal. Pese a eso, Herrera interpretó que no hubo infracción y dejó continuar el juego.
Desde la cabina, el VAR conducido por Héctor Paletta tampoco intervino para una revisión.
River reclama penal por esta jugada entre Blanco y Martínez Quarta. pic.twitter.com/cdsRzk4kCl
— Toto (@palertermo) April 19, 2026
Cómo se evalúan estos contactos según el reglamento
En este tipo de jugadas, la clave no es la existencia del contacto en sí, sino su intensidad y efecto en la acción.
El reglamento indica que para sancionar un empujón como falta deben darse ciertas condiciones claras.
Entre ellas:
- Que el contacto tenga fuerza suficiente
- Que produzca un desplazamiento evidente
- Que afecte de manera concreta la estabilidad o posibilidad de jugar la pelota
En la jugada analizada, el contacto fue considerado leve, sin provocar un cambio sustancial en la posición ni en el equilibrio de Martínez Quarta. Por ese motivo, no alcanzó para ser interpretado como infracción.
La explicación detrás de la decisión arbitral
Con estos elementos, la determinación de Herrera se apoya en un criterio habitual: permitir cierto grado de contacto físico dentro del juego.
Al no tratarse de una acción con impacto claro, el árbitro entendió que no correspondía sancionar penal.
Esa misma lectura explica la inacción del VAR, que solo interviene ante errores evidentes.
El penal que sí se cobró
Distinta fue la situación en el final de la primera etapa. Allí, Herrera sancionó penal por mano de Lautaro Rivero tras un disparo de Miguel Merentiel.
En ese caso, la decisión llegó luego de que el árbitro revisara la jugada en el monitor, tras el aviso del VAR, marcando un contraste con la acción discutida del cierre.






